Sergii Khromchenko no sabe muy bien cómo definirse. Nació en Ucrania, vive en Estados Unidos y pasa la mayor parte del tiempo viajando por el mundo con una cámara. “No soy ucraniano y no me siento americano”, dijo con humor. Lo que sí tiene claro es su oficio de youtuber y tiktoker.
Su propuesta es tan simple como efectiva: recorrer ciudades, hablar con desconocidos en la calle y mostrar lo que ve, todo en inglés, para que quienes lo siguen aprendan el idioma mientras viajan de manera virtual desde donde estén.
A fines de mayo, el joven pasó por Uruguay. Se quedó entre dos y tres semanas. Hoy, desde Bulgaria, recuerda el paso por Montevideo con genuino entusiasmo. “Me encantó, es un encantador pequeño país entre dos gigantes, como ustedes dicen”, resumió, entrevistado por Montevideo Portal.
El museo europeo
Lo primero que le llamó la atención fue la Ciudad Vieja. Según contó, varios le advirtieron que no fuera, que era peligrosa, que había “indigentes y vendedores de droga”, pero él decidió ir. “No tuve ningún problema, lo disfruté muchísimo”, dijo entrevistado por Montevideo Portal.
Lo que encontró fue una arquitectura que lo maravilló. “Parecía un museo de Europa”, explica. “Vi edificios que me recordaban a España, a Bélgica, a Gran Bretaña, a Italia”. Pero lo que más le impactó no fue el ladrillo sino la gente. En Europa la gente no sonríe, no habla con extraños, aseguró Khromchenko.
En Bulgaria, por ejemplo, si se acerca a alguien en la calle y le pregunta cómo está, la respuesta suele ser una mirada de desconfianza. En Uruguay fue distinto. “Es una mezcla increíble de la calidez latinoamericana con la arquitectura europea”, sostuvo. “La gente es muy abierta, muy cálida, muy dispuesta”, añadió.
“¿Cómo me vuelvo uruguayo?”
Apenas llegó, empezó a publicar en TikTok bajo el usuario Sergii Speaks. En pocos días, los videos explotaron entre el público local. La gente lo empezó a reconocer en la calle. “Estaba mostrando cómo yo veía Uruguay, la gente, la arquitectura, y eso les gustó”, recordó.
En algún momento de esas semanas, Khromchenko les preguntó a varios uruguayos cómo podía volverse uno de ellos. Le dijeron que tenía que comer churrasco y gritar “vamo’ arriba”.
La comida también le ganó puntos. Probó mate, dulce de leche, distintos cortes de carne. “La comida uruguaya es increíble”, dijo sin matices.
El domingo fantasma
Hubo un momento que lo desconcertó. Un domingo a las 9:00 salió a caminar por la Ciudad Vieja y no había nadie. “Grabé un video diciendo: ‘Uruguayos, ¿me están abandonando? ¿Dónde están? El gringo llegó y no hay nadie’”, rememoró entre risas. Después entendió: era invierno, domingo, y nadie en su sano juicio sale a esa hora.
El invierno, de hecho, fue su único reparo real. Le tocaron los días más fríos y las calles más vacías. “Lo que no me gustó fue tener que irme tan pronto y que fuera invierno. Por lo demás, Uruguay es increíble”, resumió.
Europa del sur en el Río de la Plata
Al ser preguntado con qué país europeo compararía a Uruguay, Khromchenko no dudó demasiado: Italia y España. “Creo que la mayoría de los uruguayos tienen sangre italiana y española, y esos son algunos de los pueblos más hermosos de Europa. Por eso los uruguayos son naturalmente tan encantadores”, esgrimió.
A su vez, también destacó la calidad de vida. “La educación, la medicina, el nivel general es bastante alto. Es de los países más caros de América Latina, pero la calidad justifica el precio”, opinó y agregó que Uruguay y Argentina son “los dos países más europeos” de América del Sur.
La vuelta prometida
El joven influencer confirmó que quiere volver al país, probablemente este año, aunque todavía no tiene fechas.
Tiene pendiente Asia y África, pero América del Sur sigue en su radar. “Cuando llego a un país nuevo, empiezo a postear videos todos los días. En dos o tres días la gente ya me para en la calle porque me reconoce”, explicó.
La entrevista termina como empezó: con humor y sin demasiada solemnidad. “Solo tengo dos palabras más para ustedes”, dijo Khromchenko antes de cortar: “Vamo’ arriba”. Y con esa frase terminó, como si fuera la síntesis perfecta de lo que se llevó del país.