En el mismo patio —decorado con un mural de los símbolos nacionales: el águila, la serpiente, el nopal— un profesor convoca a los estudiantes con lo que también es una expresión en vía de extinción que se resiste: "Cadetes, ¡en orden!". Luego se corrige a sí mismo: "Discentes, ¡en orden!"
Los estudiantes -que empiezan el año escolar con nuevos uniformes sin estética castrense- se forman en filas. Se paran firmes, con los brazos rectos a los lados y la mirada fija, al frente. El instructor, ahora llamado "prefecto", les ordena descansar; ellos desplazan su pie izquierdo para recibir la instrucción de rutina.
"Lo militar forma parte de nuestra historia, pero ya se acabó", dice Lira, sobre una reciente orden del gobierno de Claudia Sheinbaum de desmilitarizar las escuelas que se inspiraban en los valores, la ornamenta y los métodos marciales.
"El colegio, en profundo respeto de sus autoridades, acató la situación de que en México ya no hay más el modelo militarizado. Y a partir de ahí, pues a reinventarnos, a reestructurarnos, a tomar lo más valioso... y a seguir trabajando", añade el director Oscar Lira, arquitecto, exalumno del Alarid, de familia de militares, en una oficina llena de escudos, banderines y alguna espada.
Decenas de colegios mexicanos como el Alarid —entre 20 y 50, según el registro, afectando a entre 10.000 y 20.000 estudiantes— tuvieron que transformarse en el último mes después de que, en julio, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ordenó la prohibición de las escuelas militarizadas con los argumentos de que carecen de sustento legal y la educación militar es exclusiva de las Fuerzas Armadas.
La orden, respaldada por la presidenta, se dio tras la muerte de Dafne Zapata, de 13 años, en un campamento de verano militar en Tamaulipas, por asfixia a causa de sumersión, según la autopsia.
El caso consternó al país. La familia denuncia tortura. La Fiscalía lo investiga como posible feminicidio. Hay tres detenidos.